GEMELOS NO IDÉNTICOS: LEGALISMO Y ANTINOMISMO

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El legalismo y el antinomismo son dos errores que la iglesia de Dios ha cometido a lo largo de los siglos. Son errores que afectan, tanto nuestra doctrina como nuestra práctica; por eso, es crítico estudiarlos. Con el fin de desarrollar un concepto claro de cada uno, quisiera definirlos, primeramente, de manera resumida para luego extendernos un poco más en sus implicaciones.

Legalismo: es cuando separamos la ley de Dios de la persona de Dios. Si preguntamos a un creyente qué es el legalismo, probablemente su respuesta sería algo como: “Tratar de ganar nuestra salvación haciendo buenas obras”. Esto es verdad, pero ser legalista va mucho más allá. Tiene que ver con perder de vista la razón por la cual Dios nos da una instrucción y divorciar enteramente su instrucción de nuestro disfrute.

Antinomismo: significa “contra la ley”. Teológicamente, el antinomismo es la creencia de que no hay leyes morales que los cristianos deban obedecer. El antinomismo lleva la enseñanza bíblica a una conclusión antibíblica. La enseñanza bíblica es que los cristianos no requieren la observancia de la ley del Antiguo Testamento como un medio de salvación. Cuando Jesucristo murió en la cruz, él cumplió la ley del Antiguo Testamento; la conclusión antibíblica es que no hay ley moral que Dios espere que obedezcan los cristianos.

Es posible que, aun leyendo las definiciones anteriores sobre estos conceptos, todavía pensemos que los dos tienen una raíz muy diferente, pero no es así. Veámoslo de una manera muy sencilla, si se cree y se vive para ganar el amor de Dios, es porque se tiene una ignorancia o una distorsión de la persona de Dios. El Padre es como lo presenta Lucas 15, aquel que inicia la relación y nos persigue a pesar de nuestros errores. En el caso de pensar y de vivir desobedeciendo las leyes de Dios porque se cree que no es necesario seguirlas una vez salvo y de que no hay responsabilidad alguna, contiene también una distorsión tremenda del carácter de Dios. Tanto el legalista como el que practica antinomismo son individuos que no han entendido el amor de Dios y mucho menos sus propósitos para nuestras vidas.

Pensemos en el apóstol Pablo, un día por revelación divina, se dio cuenta de que todo pacto de Dios apuntaba y se veía cumplido en Cristo. Esto le generó una pregunta: “¿para que la ley?” Tiene sentido. Si Cristo ya había cumplido con todas las obligaciones de la ley, ¿por qué necesitamos continuar honrándola? Porque la ley es beneficiosa. No solo nos transforma, sino que muestra el carácter de Dios. La ley no es una carga de disposiciones sino, más bien, un sendero que nos conduce a disfrutar más de Dios. El legalismo llega cuando divorciamos la ley del amor perfecto de Dios, y el antinomismo llega cuando confundimos los instrumentos por medio de los cuales recibimos ese amor. Un ser humano está en el mejor lugar y en las mejores condiciones donde lo ha puesto Dios.

La raíz de estos hermanos gemelos está en el Edén, ahí la serpiente persuadió a nuestros ancestros de que Dios tenía un carácter restrictivo y maligno. Cuando la serpiente pregunta: “¿Es verdad que Dios dijo...?”, no solo estaba poniendo en duda la palabra de Dios, sino también su carácter. La pregunta cargaba un mensaje de que un buen Dios no debe prohibirnos de nada. Esto hizo que Eva solo prestara atención a lo que no debía hacer, en lugar de las infinitas posibilidades que se le habían ofrecido. Esto la hizo pensar que Dios no quería nada para ella y que era un juez negativo.

Lo que esta teología miope genera es que se piensa que todo lo que yo quiera de Dios tengo que ganármelo. El legalismo de Eva es la raíz de su antinomismo, ya que esto la lleva a rebelarse contra Dios. Lo que la serpiente consiguió fue divorciar la mente y las emociones de Eva del carácter generoso de Dios. Tanto el legalismo como el antinomismo o hacer lo que nos da la gana, en otras palabras, son una incapacidad de ver la generosidad de Dios y sus planes de amor para nuestras vidas. Esto sucede cuando empezamos a ver la ley de Dios como algo seco y desnudo en lugar de buenos planes que brotan de sus labios.

Geerhardus Vos dijo que “el legalismo es una manera muy peculiar de someterse a la ley de Dios, es cuando no se siente más el toque personal de lo divino y solo se siente una regla a la cual someterse”.

El problema con estos gemelos – legalismo y antinomismo – es que son distorsiones de la verdad, pero una vez que son cambiadas son tratadas como la verdad. El antídoto para estas falsas doctrinas y prácticas es nada menos que el Evangelio (Romanos 6:1-5). No vamos a persistir en el pecado porque eso deshonra a Dios y nos aleja de nuestro tesoro que es Jesús. Pero tampoco vamos a apartarnos del pecado por las razones equivocadas, por hacer puntos con Dios. No existe algo como “gracia condicional”, no hay que cumplir con ciertos requisitos para ser aceptados por Cristo; debemos ser dominados por la gracia incondicional de Jesús, que nos une a Él para siempre y permite que el Espíritu Santo nos transforme.

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