JESUCRISTO LA IMAGEN DE DIOS

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Entre los años 297 y 373 vivió un gran hombre de Dios llamado Atanasio. Este hombre merece ser recordado no solo porque formó parte del Concilio de Nicea en el año 325, sino también porque fue elegido Obispo de Alejandría. Aunque es una tarea difícil otorgarle un único mérito a este personaje de la iglesia, no sería apresurado declarar que su mayor aporte estuvo en su lucha contra el Arianismo. Esta filosofía era una herejía que creía que Jesucristo fue solo un ser humano. Atanasio escribió una y otra vez para aclarar la encarnación. ÉL defendía de manera contundente lo que dice Juan 1:14, que Jesucristo hizo tabernáculo entre nosotros.

Hay muchas personas que no acostumbran leer sobre los héroes de la fe antiguos previo a la Reforma, de ahí que parte de la intención de este artículo es invitarlos a hacerlo. Debemos movernos hacia atrás en los siglos para encontrar la teología más pura y aprender a convivir con los Padres de la iglesia. El gran escritor británico C.S. Lewis, autor de las Crónicas de Narnia y Mero Cristianismo, escribió lo siguiente después de leer el libro de Atanasio titulado En la Encarnación: “Después de abrir el libro descubrí por medio de una pequeña prueba que estaba leyendo una obra maestra. Solo una mente privilegiada pudo haber escrito algo tan profundo acerca de un tema con tanta simplicidad clásica.”

Si no le estamos dando la espalda a lo creado, al
“cosmos”; entonces, se la estaremos dando a Dios.

Dios nos crea para conocerlo
Cuando Dios estaba creando a los seres humanos se dio cuenta que necesitaban de su ayuda para conocerlo, ya que Él no era un ser creado como ellos que compartiera sus atributos. Si lo pensamos bien, esto es pura misericordia de parte de nuestro Dios porque perfectamente nos podía haber creado y desatenderse de nosotros, pero habríamos caminado sin rumbo o propósito. ¿Qué uso tienen los seres humanos sin conocer a Dios? 

No muchos de nosotros hemos tenido el privilegio de tener padres presentes que jugaran bola con nosotros y nos explicaran de la vida. Conocer a nuestro progenitor, hace toda la diferencia; hay confianza y aliento. Atanasio dice lo siguiente de aquellos que no conocen a su creador: “serían apenas bestias.” Dios ha sido compasivo con nosotros no solo dándonos el privilegio de la revelación general, sino de la revelación especial en Cristo Jesús. Depende de nuestra quietud y de nuestra piedad tomar cada elemento de nuestras vidas para que nos dirijan al creador que es digno de gloria por siempre.

Atanasio subraya estos principios de la siguiente manera: “De hecho nuestro buen Dios nos ha dado una parte de su propia imagen, esto es en nuestro Señor Jesucristo. Además de esto Dios nos ha dado una imagen y semejanza para preservar su imagen absoluta.” Ciertamente, el conocimiento de nuestro creador es la vida alegre, la vida bendita.

La consecuencia natural de darle la espalda a Dios
No siempre se ha considerado así, pues los hombres le han dado la espalda a Dios cuando han hecho un ídolo para ellos mismos. “Han creado ídolos para ellos mismos en lugar de la verdad y han reverenciado cosas que no son en lugar de Dios.” (Atanasio) Suena como una gran traición adorar a la creación en lugar del creador, pero es un camino sumamente resbaloso, mucho más de lo que imaginamos. No hay uno solo de nosotros, no hay ni un solo hombre piadoso que no se haya visto maravillado con los regalos que ha recibido de arriba en vez de quién se los envió. Nuestra preciosa madre, un hijo o un gran trabajo pueden ser motivos de idolatría, si nuestra reverencia no apunta hacia el cielo.

La historia de la humanidad es testigo de grandes idolatrías que los hombres han cometido contra Dios. El becerro de oro fue una abominación sabiendo que Moisés estaba ahí mismo en el monte. Es necesario preguntarse: ¿cuál es mi becerro de oro? 
Es muy posible que lo creado esté puesto en mi vida en lugares no apropiados; por eso, nos debemos a la oración, a la inspección continua de nuestro interior y a la rendición de cuentas a nuestros hermanos. Recordemos cuál es el gran mandamiento: Amarás al Señor tu Dios con todas tus fuerzas, con toda tu mente y con toda tu alma. Si no le estamos dando la espalda a lo creado, al “cosmos”; entonces, se la estaremos dando a Dios.

Solo Cristo puede salvarnos 
¿Qué debía hacer Dios en medio de la perdición del ser humano? ¿Enviar un rey terrenal? Dios debía re-crear su imagen en los hombres. Esto solo podía suceder enviando a su propia imagen. La Palabra de Dios vino en su persona, la imagen del Padre quien podía re-crear al ser humano. Antes de hacer las cosas nuevas, Dios tenía que desaparecer la muerte y la corrupción.

Jesucristo vino a salvar y encontrar lo que se había perdido. Fue la Palabra de Dios, quien ve todo lo que hay dentro nuestro, la que podía sufragar las necesidades de la ley, pero, ¿cómo hacerlo? Jesucristo tomó un cuerpo como el nuestro y viviendo de una forma impecable se entregó como un sacrificio perfecto para el Padre. Todos los que ponen su fe en Él, tienen la confianza de que Él es su redentor, reciben una nueva imagen y son re-creados. Jesucristo es la imagen visible del Dios invisible, el primogénito de la creación. Creyendo en Él nos convertimos en herencia de ese primogénito.

Atanasio dijo: “Dios conocía las limitaciones del ser humano y por eso proveyó las obras de la creación como una manera por la cual el creador podía ser conocido. Dios proveyó también una ley, envió profetas para que les comunicara la verdad a los suyos. Los hombres pueden aprender directamente por medio de otros hombres.” Y, finalmente, como no hubo una apasionada reacción, habló por medio de su Hijo, el resplandor de la gloria de Dios. Ahora nos corresponde a nosotros actuar, responder y vivir a su servicio.

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